Me pregunto cómo leer este gesto: Dejé en un espacio de este edificio, en este museo, cuatro hojas de papel en una de las salas, en este momento cerradas. La hojas las impregné antes con gelatina de conejo y almidón de maíz. Están puestas sobre una estructura de madera que tiene las proporciones de la sala principal. Hoy (17.jun.26) están descubiertas para recibir el polvo y los microorganismos que están en el aire de esa sala a la que ya no se puede entrar. A partir de mañana (18.jun.26) cubriré el papel y la estructura con un plástico negro. En la base una tela mojada mantendrá la humedad constante. Al final de la exposición el papel estará lleno de hongos, líquenes y moho. Los mismos que están ya desde hace un tiempo en las paredes del museo. Cuando describo el gesto a otras personas normalmente termino diciendo “y de esa forma el museo hará los dibujos.” Y ahí viene mi preguntá, ¿qué constituye ese “museo” que digo que dibujará? ¿De qué está hecho? ¿De las paredes deterioradas y deteriorándose? ¿De las esporas de hongos que ahora flotan por el aire y caen sobre estos papeles? –y me pregunto también por lo que ha alimentado estos hongos todo este tiempo de descuido; la pintura de las paredes, pero también los restos mínimos casi imperceptibles de las personas que han estado ahí, en estas salas, trabajando, viendo, hablando. Sudor, aliento, grasa, polvo. Pedacitos mínimos de todo eso han alimentado estos hongos. ¿Es eso lo que constituye el museo? ¿O serán los actos administrativos que por acción o por omisión instalaron insidiosamente el descuido? ¿O, por el contrario, Los esfuerzos, administrativos también, por revertirlo, el deterioro? ¿La políticas que lo permiten? ¿Usted qué lee estas palabras? Y me pregunto también qué pasa con el “dibujo” que hace el museo. ¿Qué pasa si resulta “bonito”? ¿Ocultaría el descuido que lo produjo? ¿Lo maquillaría? ¿El abandono? Todo esto lo escribo mientras la amenaza de una nueva ola de violencia y represión se asoma y como este edificio ha estado ahí (aquí) a la entrada de esta universidad me pregunto entonces, también, por el destino del edificio. El abandono nos increpa. ¿A quiénes favorece? ¿A quiénes convoca? ¿Qué demanda? Me pregunto cómo leer el gesto que yo mismo estoy haciendo porque reducirlo unicamente a un registro de “la vida presente en el museo vacío” sería también una forma de descuido. A medida que los hongos crecen en el papel, más preguntas aparecerán.

b.o. ↩